martes, 9 de mayo de 2017

Vuelo de praga a Barcelona

Hoy hemos visto en competencia digital un vuelo  por flight  radar 24  y íbamos a verlo despegar pero llegamos tarde  pero podemos ver el vuelo 3D hay un hombre que se llama Ambrosio y otro mocus llega a la una y diez

martes, 2 de mayo de 2017

Domingo, 12 de julio de 1942.
Hoy hace un mes todos fueron
muy buenos conmigo, cuando era mi
cumpleaños, pero ahora siento cada
día más cómo me voy distanciando
de mamá y Margot. Hoy he estado
trabajando duro, y todos me han
elogiado enormemente, pero a los
cinco minutos ya se pusieron a
regañarme.
Es muy clara la diferencia entre
cómo nos tratan a Margot y a mí.
Margot, por ejemplo, ha roto la
aspiradora, y ahora nos hemos
quedado todo el día sin luz. Mamá
le dijo:
—Pero Margot, se nota que no
estás acostumbrada a trabajar, si no
habrías sabido que no se debe
desenchufar una aspiradora tirando
del cable. Margot respondió algo y
el asunto no pasó de ahí.
Pero hoy por la tarde yo quise
pasar a limpio la lista de la compra
de mamá, que tiene una letra
bastante ilegible, pero no quiso que
lo hiciera y enseguida me echó una
tremenda regañina en la que se
metió toda la familia.
Estos últimos días estoy
sintiendo cada vez más claramente
que no encajo en mi familia
Viernes, 14 de agosto de 1942.
Querida Kitty:
Durante todo un mes te he
abandonado, pero es que tampoco
hay tantas novedades como para
contarte algo divertido todos los
días. Los Van Daan llegaron el 13
de julio. Pensamos que vendrían el
14, pero como entre el 13 y el 16
de julio los alemanes empezaron a
poner nerviosa cada vez a más
gente, enviando citaciones a diestro
y siniestro, pensaron que era más
seguro adelantar un día la partida,
antes de que fuera demasiado tarde.
A las nueve y media de la
mañana
—aún
estábamos
desayunando— llegó Peter van
Daan, un muchacho desgarbado,
bastante soso y tímido que no ha
cumplido aún los dieciséis años, y
de cuya compañía no cabe esperar
gran cosa. El señor y la señora Van
Daan llegaron media hora más
tarde. Para gran regocijo nuestro, la
señora traía una sombrerera con un
enorme orinal dentro.
—Sin orinal no me siento en mi
casa en ninguna parte —sentenció,
y el orinal fue lo primero a lo que
le asignó un lugar fijo: debajo del
diván. El señor Van Daan no traía
orinal, pero sí una mesa de té
plegable bajo el brazo.
El primer día de nuestra
convivencia comimos todos juntos,
y al cabo de tres días los siete nos
habíamos hecho a la idea de que
nos habíamos convertido en una
gran familia. Como es natural, los
Van Daan tenían mucho que contar
de lo que había sucedido durante la
última semana que habían pasado
en el mundo exterior.



21 de septiembre de 1942.
(Añadido)
El señor Van Daan está como
una malva conmigo últimamente. Yo
le dejo hacer, sin oponerme.
Miércoles, 2 de septiembre de
1942.
Querida Kitty:
Los Van Daan han tenido una
gran pelea. Nunca he presenciado
una cosa igual, ya que a papá y
mamá ni se les ocurriría gritarse de
esa manera. El motivo fue tan tonto
que ni merece la pena mencionarlo.
En fin, allá cada uno.
Claro que es muy desagradable
para Peter, que está en medio de los
dos, pero a Peter ya nadie lo toma
en serio, porque es tremendamente
quisquilloso y vago. Ayer andaba
bastante preocupado porque tenía la
lengua de color azul en lugar de
rojo. Este extraño fenómeno, sin
embargo, desapareció tan rápido
como se había producido. Hoy anda
con una gran bufanda al cuello, ya
que tiene tortícolis, y por lo demás
el señor Van Daan se queja de que
tiene lumbago. También tiene unos
dolores en la zona del corazón, los
riñones y el pulmón. ¡Es un
verdadero hipocondríaco! (se les
llama así, ¿verdad?). Mamá y la
señora Van Daan no hacen muy
buenas migas. Motivos para la
discordia hay de sobra. Por poner
un ejemplo: la señora ha sacado del
ropero común todas sus sábanas,
dejando solo tres.
Lunes, 21 de septiembre de 1942.
Querida Kitty:
Hoy te comunicaré las noticias
generales de la Casa de atrás. Por
encima de mi diván hay una
lamparita para que pueda tirar de
una cuerda en caso de que haya
disparos. Sin embargo, de momento
esto no es posible, ya que tenemos
la ventana entornada día y noche.
La sección masculina de la
familia Van Daan ha fabricado una
despensa muy cómoda, de madera
barnizada
y
provista
de
mosquiteros
de
verdad. Al
principio habían instalado el
armatoste en el cuarto de Peter,
pero para que esté más fresco lo
han trasladado al desván. En su
lugar hay ahora un estante. Le he
recomendado a Peter que allí ponga
la mesa, con un bonito mantel, y que
cuelgue el armarito en la pared,
donde ahora tiene la mesa. Así, aún
puede convertirse en un sitio
acogedor, aunque a mí no me
gustaría dormir ahí. La señora Van
Daan es insufrible. Arriba me
regañan continuamente porque
hablo sin parar, pero yo no les hago
caso. Una novedad es que a la
señora ahora le ha dado por
negarse a fregar las ollas. Cuando
queda un poquitín dentro, en vez de
guardarlo en una fuente de vidrio
deja que se pudra en la olla. Y si
luego a Margot le toca fregar
muchas ollas, la señora le dice:
—Ay Margot, Margotita, ¡cómo
trabajas!
El señor Kleiman me trae cada
quince días algunos libros para
niñas. Me encanta la serie de libros
sobre Joop ter Heul, y los de Cissy
van Marxveldt por lo general
también me gustan mucho. Locura
de verano me lo he leído ya cuatro
veces, pero me siguen divirtiendo
mucho las situaciones tan cómicas
que describe.
Con papá estamos haciendo un
árbol genealógico de su familia, y
sobre cada uno de sus miembros me
va contando cosas.
Ya hemos empezado otra vez
los estudios. Yo hago mucho
francés, y cada día me machaco la
conjugación de cinco verbos
irregulares. Sin embargo, he
olvidado mucho de lo que aprendí
en el colegio.
Peter ha encarado con muchos
suspiros su tarea de estudiar inglés.
Algunos libros acaban de llegar;
los cuadernos, lápices, gomas de
borrar y etiquetas me los he traído
de casa en grandes cantidades. Pim
(así llamo cariñosamente a papá)
quiere que le demos clases de
holandés. A mí no me importa
dárselas, en compensación por la
ayuda que me da en francés y otras
asignaturas. Pero no te imaginas los
errores garrafales que comete. ¡Son
increíbles!
A veces me pongo a escuchar
Radio Orange[3]; hace poco habló
el príncipe Bernardo, que contó que
para enero esperan el nacimiento de
un niño. A mí me encanta la noticia,
pero en casa no entienden mi
afición por la Casa de Orange[4].
Hace días estuvimos hablando
de que todavía soy muy ignorante,
por lo que al día siguiente me puse
a estudiar como loca, porque no me
apetece para nada tener que volver
al primer curso cuando tenga
catorce o quince años. En esa
conversación también se habló de
que casi no me permiten leer nada.
Mamá de momento está leyendo
Hombres, mujeres y criados, pero a
mí por supuesto no me lo dejan leer
(¡a Margot sí!); primero tengo que
tener más cultura, como la sesuda
de mi hermana. Luego hablamos de
mi ignorancia en temas de filosofía,
psicología y fisiología (estas
palabras tan difíciles he tenido que
buscarlas en el diccionario), y es
cierto que de eso no sé nada. ¡Tal
vez el año que viene ya sepa algo!
He llegado a la aterradora
conclusión de que no tengo más que el invierno. Papá me
ha dado permiso para que me haga
un jersey de lana blanca. La lana
que tengo no es muy bonita que
digamos, pero el calor que me dé
me compensará de sobra. Tenemos
algo de ropa en casa de otra gente,
pero
lamentablemente
solo
podremos ir a recogerla cuando
termine la guerra, si es que para
entonces todavía sigue allí.
Hace poco, justo cuando te
estaba escribiendo algo sobre ella,
apareció la señora Van Daan.
¡Plaf!, tuve que cerrar el cuaderno
de golpe.
—Oye, Ana, ¿no me enseñas
algo de lo que escribes?
—No, señora, lo siento.
—¿Tampoco la última página?
—No, señora, tampoco.
Menudo susto me llevé, porque
lo que había escrito sobre ella justo
en esa página no era muy halagüeño
que digamos.
Así, todos los días pasa algo,
pero soy demasiado perezosa y
estoy demasiado cansada para
escribírtelo todo.
Tu Ana.
Viernes, 25 de septiembre de 1942.
Querida Kitty:
Papá tiene un antiguo conocido,
el señor Dreher, un hombre de unos
setenta y cinco años, bastante
sordo, enfermo y pobre, que tiene a
su lado, a modo de apéndice
molesto, a una mujer veintisiete
años menor que él, igualmente
pobre, con los brazos llenos de
brazaletes y anillos falsos y de
verdad, que le han quedado de otras
épocas.

Viernes, 25 de septiembre de 1942

Viernes, 25 de septiembre de 1942.
Querida Kitty:
Papá tiene un antiguo conocido,
el señor Dreher, un hombre de unos
setenta y cinco años, bastante
sordo, enfermo y pobre, que tiene a
su lado, a modo de apéndice
molesto, a una mujer veintisiete
años menor que él, igualmente
pobre, con los brazos llenos de
brazaletes y anillos falsos y de
verdad, que le han quedado de otras
épocas. Este señor Dreher ya le ha
causado a papá muchas molestias, y
siempre he admirado su inagotable
paciencia cuando atendía a este
pobre tipo al teléfono. Cuando aún
vivíamos en casa, mamá siempre le
recomendaba a papá que colocara
el auricular al lado de un
gramófono, que a cada tres minutos
dijera «sí señor Dreher; no señor
Dreher», porque total el viejo no
entendía ni una palabra de las
largas respuestas de papá.
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Querida Kitty:
Papá tiene un antiguo conocido,
el señor Dreher, un hombre de unos
setenta y cinco años, bastante
sordo, enfermo y pobre, que tiene a
su lado, a modo de apéndice
molesto, a una mujer veintisiete
años menor que él, igualmente
pobre, con los brazos llenos de
brazaletes y anillos falsos y de
verdad, que le han quedado de otras
épocas. Este señor Dreher ya le ha
causado a papá muchas molestias, y
siempre he admirado su inagotable
paciencia cuando atendía a este
pobre tipo al teléfono. Cuando aún
vivíamos en casa, mamá siempre le
recomendaba a papá que colocara
el auricular al lado de un
gramófono, que a cada tres minutos
dijera «sí señor Dreher; no señor
Dreher», porque total el viejo no
entendía ni una palabra de las
largas respuestas de papá.